Como xa vimos, as manobras dos caciques locais e a falta de coraxe das autoridades gobernamentais coartaron os intentos de constituír unha corporación verdadeiramente republicana e socialista no Concello de Celanova trala proclamación da II República.

✍️ Autor: Pablo Sánchez

Esta situación repetiuse en non poucos concellos rurais do país, onde antigos bugallalistas (seguidores do conservador Gabino Bugallal) e upetístas (membros da Unión Patriótica, a formación política do ditador Primo de Rivera) conseguiron manterse no poder baixo unha camuflaxe republicana.

Os novos edís de Celanova, avalados polo gobernador civil, representaban esa liña continuísta co réxime monárquico, apenas disimulada, como se porá de manifesto durante a celebración da Festa do Traballo o 1 de maio de 1931.

Os sucesos ocorridos en Celanova durante a xornada de reivindicación do movemento obreiro aparecen detallados nunha denuncia publicada polo diario ourensán La Zarpa o 3 de maio baixo o esclarecedor título de “Una alcaldada sin precedentes” e firmada por Un republicano:

“Para celebrar el Primero de Mayo, los obreros de Celanova, invitaron a nuestro camarada Antonio Buján, con objeto de que se trasladase dicho día a Celanova y tomar parte en un mitin. (…)

A su llegada se encontraron con que en el café del republicano Remigio [tal vez se trate de Remigio Gómez Posada, un dos vogais da xestora republicano-socialista], se hallaban recluídos los obreros, porque el alcalde de Celanova, alcalde según él republicano, había impedido con órdenes terminantes la manifestación obrera, y la Guardia civil había disuelto los grupos que se reunían en la Plaza.

Los obreros de Celanova habían pensado que como en los buenos tiempos de la Monarquía, se había proclamado la ley marcial. Nuestro compañero Buján invitó a los obreros a que organizaran una manifestación, pues estaba autorizada por el gobernador civil de la provincia, porque era Fiesta Nacional.

Los obreros salieron entonces con la banda de música de Vilanova al frente, y cuando habían recorrido algunas calles, al llegar frente a la Alameda, se presentan dos parejas de la Guardia civil, al mando de un sargento, ordenando que se disolviese la manifestación inmediatamente. (…) El sargento quiere impedir a toda costa la manifestación y ordena a los guardias que carguen los fusiles y éstos encañonaron las armas hacia los manifestantes.

Sin embargo, no se disuelve porque el señor Buján a la cabeza de la manifestación increpa a los guardias (…) : “Disparad , pe(ro con)tra mí solo, que soy el responsable”. El joven abogado orensano don Modesto Martínez Sueiro, Enrique Martí y don Carlos González, rodean al señor Buján.

Ante este gesto, los guardias no se atrevieron a hacer uso de las armas. A la invitación del señor Buján, la manifestación continúa, no sin antes intentar dar un culatazao uno de los guardias, que lo evita aquél.

En este momento se acerca un teniente de la Guardia civil, quien después de dialogar con el señor Buján, dice que él no cumple más órdenes que las del alcalde. La discusión fue muy violenta y el teniente termina ordenando que se disuelvan los manifestantes.

Disponíanse a regresar a Orense los delegados republicanos, cuando el teniente se entrevistó con el alcalde. Este, que es un acérrimo upetista, convencido, sin duda por el teniente, que dice a los delegados que pueden organizar la manifestación los obreros, pero que en el mitin hablen solo los oradores de cuestiones obreras, sin mezclarse para nada en temas políticas.

En el mitin hablaron Martínez Sueiro y Buján, los que fustigaron a los upetistas y conservadores, terminando por afirmar que con unos y otros debía Celanova hacer una pira en la Plaza Mayor”.

Os asistentes ao acto deron conta do atropelo sufrido en Celanova pola Garda Civil baixo as ordes do alcalde Celestino Noriega, quen sería inmediatamente cesado por orde do gobernador civil impoñéndolle, ademais, unha multa de 250 pesetas, como se recolle na prensa.


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